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La publicidad también es inconsciente

Un buen comunicador es, inevitablemente, un buen psicólogo. Lo sepa o no lo sepa, haya cursado o no la carrera de Psicología. De hecho, el Marketing es una de las fuentes más fiables a la hora de conocer el comportamiento real y efectivo (no teórico, más allá de las especulaciones) de las personas. Valdría decir que las ingentes cantidades de dinero que se invierten en Marketing son el origen de las conclusiones más rigurosas y prácticas a la hora de comprender la conducta humana. La Psicología debe al Marketing más que el Marketing a la Psicología.

Esta última nos habla, desde el siglo XIX, y el Marketing lo corrobora, que la mayor parte de nuestra vida es gobernada por motivaciones, impulsos y respuestas inconscientes. De sobra saben los publicitarios que no es la necesidad material sino las carencias emocionales lo que provoca, la mayoría de las veces y en las sociedades desarrolladas económicamente, la decisión del consumo, y que los factores racionales ocupan un puesto muy secundario a la hora de la compra. No hay más que ver la publicidad que de verdad funciona para comprobar que esto es cierto.

Cuando hablamos de percepción inconsciente no nos referimos, por supuesto, a la percepción subliminal, provocada por la comunicación subliminal, de la que tanto se ha hablado, prohibida legalmente y éticamente intolerable.

De lo inconsciente, aunque sabemos algo, en realidad sabemos muy poco. ¿Qué hacer entonces?

  1. En primer lugar, un buen profesional debe estar al día de cada investigación y descubrimiento en esta área, y actuar en consecuencia. Si la mayor parte de la percepción es inconsciente, la comunicación de la marca debe tenerlo en cuenta, y no dejar al azar aquello que puede ser controlado y que, seguramente, la competencia también intenta que no se le escape.
  2. Y por encima de todo: si bien es irrefutablemente cierto que gran parte de nuestras percepciones y acciones tienen origen inconsciente, no menos lo es que la más poderosa de las inversiones no es la dirigida a influir por esos cauces y procedimientos, sino, simple y llanamente, crear un producto superior al de la competencia, y comunicarlo honestamente.

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