Ixotype - Blog - Robert Doisneau

Mucho más que una foto. Mucho más que un beso

Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de un fotógrafo francés, un fotógrafo de gente corriente que pasó más de 60 años de su vida retratando la vida cotidiana de su ciudad, París. Se trata de Robert Doisneau.

Su última fotografía la tomo a la edad de 80 años, y se sumó a los más de 450.000 negativos que nos legó a todos, sin embargo por encima de todas esas fotografías, una ha pasado a convertirse en un icono del siglo XX. Una imagen que casi todo el mundo ha visto alguna vez en su vida y que poca gente sabe quién la tomo. Se trata de «Le baiser de l’Hôtel de Ville» conocida popularmente como «El beso», la imagen de una pareja que caminando entre la gente se da un beso breve pero apasionado, ante la indiferencia del resto de transeúntes.

Todas las piezas del puzzle están colocadas magistralmente para obtener no la fotografía de un beso, sino la fotografía de «El beso». Una imagen con un encuadre caótico, la gente y los coches en movimiento, en el centro de la imagen la pareja inmóvil se besa ajena a todo y a todos, el abrazo protector del chico y la entrega total de la chica al beso…

Pese a que mucha gente cree que se trata de una imagen espontanea captada por la cámara de Doisneau en un alarde de oportunismo fotográfico, no es así. Sin embargo, esa creencia fue alimentada durante mucho tiempo por el propio Doisneau, pero conforme la fotografía alcanzaba celebridad, comenzaron a aparecer hombres y mujeres afirmando ser los protagonistas de la obra y reclamando una parte de los derechos de imagen, hasta el punto de que en 1993 su obra fue llevada a juicio por una pareja que se había reconocido en la fotografía.

La mentira no duró mucho tiempo más pues finalmente, Françoise Bornet, la mujer que realmente protagoniza la foto junto a Jacques Carteaud, su novio en esa época, decidió descubrir su secreto y vendió la copia de su foto que le regaló Doisneau a un coleccionista por 155.000 euros. Eran en realidad una pareja de estudiantes de arte dramático en quienes se fijó Doisneau en un café.

Después demostró su ingenio y maestría en la fotografía para crear una obra inmortal que ha mantenido el halo de romanticismo espontáneo durante muchos años pese a la afirmación del propio Doisneau quien dijo «No es una foto fea, pero se nota que es fruto de una puesta en escena, que se besan para mi cámara”».

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